Hoy es 23 de abril (¡gracias, Capitán Obvio!), el Día del Libro. Debido a esto el sábado no hubo recomendación literaria. Bueno, también porque se me fue un poco la mano con la fiesta estaba ocupado trabajando y, para qué mentir, quería dejar la entrada de las sevillanas para que la primera foto estuviese a la vista de todo aquel que se aventurase por primera vez. No me podéis negar que es una gran estrategia. Pero bueno, yo venía a hablar de libros. Ya sé que no es lo más original que se puede hacer para conmemorar este día. No creo que algún bloguero deje escapar la oportunidad de escribir su propia selección de libros. Con esta entrada no pretendo innovar, porque el fin de la misma es que digáis “¡leñe, pues voy a probar este libro!” o “me lo apunto, iré corriendo a la biblioteca/tienda de libros más cercana”. Habiendo cumplido eso, me doy por satisfecho. Y, por supuesto, no cuenta que digáis “de acuerdo, me lo descargarépiratearé para mi ebook/kindle“. ¡Que es el día del libro, caralho!
En fin, no retraso más el momento. Aquí os dejo MI selección particular. Espero que alguno os llame siquiera la atención, que aunque el cabroncete de @ZMargrave piense lo contrario, mi gusto literario es medio qué.
Trilogía de la Oscuridad, Guillermo del Toro y Chuck Hogan
El director mexicano Guillermo del Toro no es un novato en temas vampíricos: Blade II, la mejor de la trilogía que adapta al cazavampiros de la Marvel es una buena prueba de ello. Viendo la filmografía del realizador nadie puede negar que este hombre tiene talento para contar historias que después gustarán más o menos, pero sabe cómo mantener al espectador entretenido, que ya es mucho. Cuando empecé a leer Nocturna, la primera parte de esta plaga vampírica, constaté al instante que esa habilidad no se limitaba al celuloide. La historia nos describe el enésimo contagio masivo de un misterioso virus parasitario que lleva a la humanidad al borde de la extinción cuando las víctimas de la infección regresan de sus tumbas sedientos de sangre, todos unidos en perfecta sincronía bajo el mando del Amo. Aunque el tema de muertos que se levantan y casi se cargan la humanidad es algo que ya ha dado demasiado de sí en estos tiempos, el ritmo cinematográfico del libro compensa esa falta de frescura. Además de la imagen del vampiro, alejada del arquetipo tradicional y más próxima a las criaturas a las que se enfrentaba Blade en la película ya mencionada.

Marina, Carlos Ruiz Zafón
Aunque últimamente esté de moda reírse del autor y que su condición de escritor de bestsellers le lastre un poco, antes de lanzarse a la novela para “adultos”, el señor don Carlos ya tenía cierto prestigio en la novela juvenil. En la Trilogía de la Niebla, por ejemplo, se encuentra el primer libro que leí por voluntad propia, con seis años o así, y que me tuvo varios días bastante acojonado: El Príncipe de la Niebla. Ahí empecé a hacerme fan de este hombre y a devorar todo cuanto de su pluma me llegaba. Gran satisfacción cuando terminaba los libros, pero poco más. Hasta que llegué a Marina. Soy un lector “lento”. Hay quien se compra una novela y se la termina en un abrir y cerrar de ojos, independientemente del número de páginas que tenga el libro, si es una lectura ágil o peñazo… Yo no puedo hacer eso, porque no entiendo la lectura como una carrera, sino como una actividad para evadirme del mundo, con la que hay que disfrutar y no tener prisas. No digo que no me enganche a un libro y esté horas y horas pegado, pero no le veo la gracia a la lectura exprés. Sin embargo, Marina fue una forzosa excepción. El día que lo empecé el Real Madrid había hecho el ridículo máximo ante el Liverpool, el día del chorreo. Estaba tan cabreado, tan asqueado, que necesitaba alejarme del mundo. Así que decidí empezar con el libro. Cuatro horas me duró. La melancolía, la fantasía, lo siniestro y las primeras pinceladas de esa Barcelona mágica que sirve de escenario en la trilogía del Viento me tuvieron toda la noche en tensión. Me enganchó tanto que, desde aquella primera lectura, han caído dos o tres más. Y en todas hay algo nuevo siempre, lo que quizás sea su mayor valor. Imperdible.

Londres, Julio Camba
Si uno está estudiando Periodismo y no ha leído jamás algo de Camba, que se quite inmediatamente de la carrera y se dedique a algo más acorde a su insensatez. El artículo/columna hecho arte. Aunque el periodismo patrio esté de capa caída, no debemos olvidar que hemos tenido y tenemos articulistas de una calidad envidiable. Francisco Umbral solía decir que lo del nuevo periodismo proveniente de EEUU era algo incorrecto. Lo suyo sería llamarlo nuevo periodismo norteamericano, porque lo que los Capote, Wolfe y demás estaban haciendo en los años sesenta ya lo había cultivado Larra en el siglo XIX en nuestro país. El costumbrismo, la literatura en los textos periodísticos, la subjetividad (entendamos la objetividad anterior como la búsqueda obsesiva de un relato frío, de datos y descripción de hechos, no de la utópica neutralidad) han sido utilizados con gran calidad por nuestros periodistas, que no son pocos. Hablar de todos ellos daría para un artículo propio, así que sólo me centraré en este recopilatorio de artículos del periodista gallego.

La excelente pluma del señor Camba le llevó a ser corresponsal en medio mundo, y su estancia en cada ciudad quedaba para la posteridad en sus artículos y crónicas que más tarde acabarían en tomos distintos. Su vida en Londres, las costumbres de los ingleses, las odiosas comparaciones con el español, el humor afilado de cada palabra o la rabiosa actualidad de cada palabra (Londres se publicó en 1916, pero cualquiera diría que se publicó hace dos días) convierten este libro en una clase magistral de periodismo y literatura.
Memorias Líquidas, Enric González
Y ya que estamos con lecciones magistrales de periodismo, me gustaría recomendar esta especie de biografía del genial periodista Enric González. A través de su vida se aprenden muchas cosas de este oficio: lo poco agradecido que es, la relación de amor/odio que provoca, el análisis de algunas de las causas más significativas de la crisis actual y cierta esperanza para el futuro. Aunque otra moraleja que se desprende le puede hacer daño al hígado. González nos habla de los primeros años en periódicos de poca monta, su progresiva ascensión, las experiencias como corresponsal de guerra -de las partes más interesantes del libro-, sus últimos años en El País y el presente (antes de llegar a El Mundo). Todo con un ritmo cercano, en un tono casi familiar y que roza lo melancólico en algunos pasajes.

Trilogía del Desaliento, Raúl Cortés
La última recomendación vale por tres. El dramaturgo moronense Raúl Cortés publicó en un mismo tomo las tres obras desalentadoras que, como él mismo me dejó autografiado en el libro, buscan la esperanza sus historias. Contadoras de Garbanzos, ejemplifica muy bien ese anhelo para cambiar las cosas, aunque no esté escrito, aunque sea lo que esperan los demás de uno mismo. No Amanece en Génova es la más dura de las tres, donde la muerte y el desaliento se hacen cada vez más presentes. En No es la Lluvia, es el Viento la búsqueda de la belleza a través de la búsqueda de uno mismo.
Es interesante acercarse a la obra de Cortés y, sobre todo, a su propuesta teatral. El teatro del desaliento como respuesta a la situación actual del teatro. Si no me dejan los espacios, yo haré mi propio escenario en mi casa. La cosa le funcionó: por el salón de su piso en Málaga pasan miles de espectadores al año. Hoy, Día del Libro, presenta en su pueblo, Morón de la Frontera, su nuevo libro/obra Los Satisfechos.

Hasta aquí mi pequeña aportación al Día del Libro. El éxito no estará en que leáis alguna de mis recomendaciones -que si lo hacéis, pues mejor, ¿no?- sino en que encontréis en las páginas de los libros todo lo que esperáis de la vida, lo bueno y lo malo, conocimientos y entretenimiento, consuelo para el alma o agitar conciencias. Feliz Día.