“¿Cuál es el parásito más recurrente? Una idea, una simple idea en la mente humana puede cambiarlo todo.” Con esta reflexión comienza la que, junto a Toy Story 3, es la película del verano, por no decir del año. Todas las críticas son unánimes: en estos tiempos en los que el cine vive de adaptaciones, remakes, reboots, orígenes de, revisiones y demás patochadas, aún quedan cineastas dispuestos a arriesgarse con apuestas originales, innovadoras y, lo más importante pero más peligroso a veces, muy personales. No obstante, hablar de Nolan o de Pixar en cuanto a personalidad es un seguro de vida. Ya empezamos a ver de lo que era capaz de imaginar y hacer con Memento, aquella película en la que Guy Pearce era un tipo sin memoria con sus recuerdos tatuados al cuerpo; con El Truco Final (El Prestigio) fuimos testigos de lo que sería capaz de hacer con más confianza por parte de los que ponen la pasta; por último, con Batman Begins y, sobre todo, El Caballero Oscuro, nos dimos cuenta de que, aunando un gran presupuesto con su impresionante creatividad podía rejuvenecer al Hombre Murciélago de manera más que buena. Y con Origen se confirma que no hay nadie con más talento que Nolan para desarrollar esos parásitos recurrentes que le rondan por la cabeza (que no son nada simples, sino todo lo contrario) y transformalos en historias que te narra con una calidad asombrosa.
Y la historia que nos cuenta aquí es la de un ladrón (Di Caprio) especializado en la “extracción” de las ideas de la gente cuando éstas se encuentran aún en la mente de los que la idearon. Para ello, debe introducirse en su cabeza cuando el subconsciente está en su fase más vulnerable, el sueño. Es una forma muy avanzada de espionaje industrial que hará que Cobb, el personaje principal, sea un agente muy codiciado en el mundo empresarial. Pero en esta ocasión, su misión no será sacar una idea (extraction) sino todo lo contrario, introducirla, originarla (inception).
Partiendo de esta premisa, Nolan, al igual que los arquitectos del sueño, monta una película en la que todo encaja a la perfección, desde la espectacular BSO de Hans Zimmer (a quien hay que reconocer que, a pesar de “copiarse” a sí mismo en muchas obras, es un genio a la hora de hacerlo encajar todo en la escena) hasta el más insignifcante de los extras, pasando por un guión muy complejo, unos personajes muy convincentes y muy bien elegidos los actores para encarnarlos (otro “don” que tiene el director), unos efectos especiales que no están ahí para justificar la película, sino para ayudar a crear el clímax y un ritmo excelentemente marcado, tan bien que hace que las dos horas y cuarenta minutos que dura la película se pasen en un suspiro, dejándote con ganas de más.
Al igual que los personajes de la película hacen con su víctima, Nolan nos recrea un mundo espectacular donde todo es posible, todo lo que imaginas se traduce en realidad al instante, donde nada es lo que parece. Un mundo que más que contarte su historia te la insinua para que tú saques tus propias conclusiones. No voy a contar nada de la trama porque no me parece justo que os enteréis de cosas sueltas y se pierda la sorpresa, pero sólo diré que para entender la película del todo y que SPOILER el plano final no deje tantas dudas FIN DEL SPOILER no hay que perder ni el más mínimo detalle .Y cuando me refiero al más mínimo detalle estoy hablando de lo que pueda parecer más insignificante de la película, porque no hay nada que no tenga su función en la película.
En fin, es un MUST SEE en toda regla.