Como en casa

Lo mío no son las críticas gastronómicas. De hecho, no sé qué es lo mío en el mundo de la escritura, así en general, aunque envidio a los críticos gastronómicos, no por escribir con soltura sobre bares y comidas, sino porque se dedican a ello. Pero eso no es óbice para escribir sobre bares, restaurantes y cualquier tasca donde puedas calmar el apetito con una tapita y cervecita o empacharte a gusto con los magníficos platos que te pongan. Si bien, aunque soy un hombre al que le gusta ir a los bares a por una caña antes que a una comilona, llegados a ese punto en el que tus amigos te invitan a una comida o el plan con tu chica es cena romanticona fuera de casa (por aquello de romper la monotonía, sorprenderla… o quitarte de fregar y cocinar), la elección del restaurante no la dejo tan a la ligera como si fuese a meterle mano a las rubias fresquitas. No. Para mí, los temas de comidas son muy serios. Y mi credo en estos temas es que, como en casa no se come en ningún sitio. Por eso, los sitios escogidos son, siempre que la economía o el momento lo permitan, restaurantes o bares de los llamados “Casa Fulanito” o sucedáneos.

¿Me vale cualquier bar? No. Lo primero es que prefiero evitar los que tengan una “notoriedad”, tipo “La Mazaroca”, de Arahal, un bar en el que, si bien la comida es excelente, esa fama hace que tengas que plantarte casi una hora antes de comer para esperar una mesa, con suerte, dada la enormérrima cantidad de gente que va allí, atraída por su buena comida y sus precios populares. También se me ocurre “La Choza de Manuela”, en Bormujos, aunque más bien es un asador, en el que comes baratísimo unos platos que sólo pueden estar cocinados por ángeles. Su defecto es el mismo que el de la Mazaroca.

Así que, lo mejor es un bar relativamente poco conocido, de los que hay uno en cada barrio y que hay que saber buscar. Obviamente hay excepciones, como por ejemplo el bar “Casa Pepe”, en Morón, un bar en el que se da el caso contrario a la Mazaroca: allí la comida es la que tarda en llegar. Eso sí, la espera merece la pena, y mucho. Los que acuden a Casa Pepe saben a lo que van, saben que entrarán a las dos y que se tomarán su café a las cuatro y media o cinco (según los que vayan y lo que pidan), en un ambiente tranquilito y muy acogedor, pues sus camareros son la campechanería en persona (siempre que voy, Pepe me “presenta” el plato que me voy a pedir antes de cocinarlo, como diciendo “empieza a babear”). Lo malo es que el precio a pagar por la enorme calidad de sus carnes y guisos escapa a mis bolsillos para poder acudir con la frecuencia que me gustaría: todos los sábados.

La Mazaroca en un día flojo

Ya tenemos unas características para el retrato robot del bar adecuado: la tranquilidad del sitio, la calidad de su comida y precios económicos. Entonces, se me viene a la cabeza un bar que reúne estos rasgos: el bar Rocío, de Sevilla. Es uno de mis favoritos: me pilla cerca de casa (de hecho, podría caer de mi cama en una de sus mesas), camareros de los de toda la vida, de esos que en dos venidas se hacen amigos de toda la vida, comida excelente (el churrasco de cerdo… inadmisible no pedirlo), barato, muy barato. Este es el bar prototipo. Existen, señores. No es una quimera buscar sitios baratos, acogedores y donde puedas comer hasta decir basta. El Rocío es uno de los miembros de este club al que tengo que añadir uno que he conocido hoy, gracias a mi tío Eduardo: Casa Diego, en Sevilla también. Sus espinacas me han ganado para la causa, el churrasco magnífico, las natillas caseras con canela una maravilla. Además, se encuentra en el maravilloso barrio de Santa Cruz, lo que hace que sea el sitio propicio para cenar y dar un paseo relajado mientras te dejas llevar por la Sevilla de cuento. Y todo con la tranquilidad y la comodidad de quien está como en su casa.

About juanlur7

Estudiante de Periodismo. Periodista en ciernes. Aprendiendo el oficio de la información. Retrasando el paro a más no poder alargando la carrera... Para ello, tengo este blog, además de para soltar mis paridas y demás cosicas que se me pasen por la cabeza. Cinéfilo, apasionado de la lectura, de la música, del teatro y madridista 100 por 100.
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