La Mujer de Negro

Todavía estoy en estado de shock. Un escalofrío recorre mi espina dorsal cada vez que escucho un mueble crujir, a mi hermano roncar o alguien que pase por la calle pegando voces. Esta noche va a ser dura y larga, a no ser que el “Relax” de Hacendado haga su efecto y me entregue a los brazos de Morfeo sin ningún sobresalto, porque de esos ya he tenido bastantes hoy. Muchos. Y esto no hace sino confirmar que La Mujer de Negro cumple sobremanera con lo que se espera de una película de terror fantasmal, una excelente adaptación de la novela de Susan Hill sobre un joven abogado, interpretado por Harry Potter Daniel Radcliffe, que debe resolver el papeleo monumental de una cliente que vivía en una casa dejada de la mano de Dios, en medio de unas marismas, en un pueblo más dejado todavía, que ha fallecido recientemente. Pero la casa encierra un terrible dolor que, como si de un virus se tratase, contagia al pueblo entero.

"Alohomora!"

Debo decir que esta historia marcó bastante la infancia de toda mi clase (y las anteriores), debido a que mi profesor de inglés nos mandó leer el libro. Aún recuerdo la noche en que lo empecé, con 15 años: sudores fríos, nervios a flor de piel, el oído afinado a tope… ¡y era la versión infantil! Para cuando hicimos el examen, el profesor nos puso la película que la televisión inglesa había hecho. Legendarios fueron los gritos, que se escuchaban por todo el pasillo (hasta el punto que el jefe de estudios in person vino a ver qué pasaba: “La mujer de negro otra vez?”), en especial con SPOILEREAZO DEL QUINCE esa escena FIN DEL SPOILER. De esta versión cabe destacar que su protagonista interpretó a James Potter, el padre del mago, en las películas.

Este fragmento de mi autobiografía (“Mi vida con Emma Watson”) era necesario para entender que, desde que empecé a ver la versión de la Hammer, iba a comparar odiosamente. O, al menos, esa era mi intención inicial, porque está todo tan bien hecho, tan bien ambientado, que no puedes evitar meterte en esa tétrica casa, donde cada ruido y cada sombra esconden algo más, donde cada cuadro esconde una mirada rencorosa y llena de dolor, cada papel escrito es una ventana a la locura infernal de un espectro que perdió a su hijo y clama venganza contra el mundo. Con eso y unos cuantos niños y muñecos antiguos siniestros se basta la película para que a todos los vellos de tu cuerpo les den por hacer la ola. Es de agradecer (irónicamente) que una película de terror te lo haga pasar tan mal sin tener que recurrir a vísceras, sangre y demás cosas desagradables o que no abuse de tópicos, aunque en una película de fantasmas sean inevitables, como la cara que aparece en el cambio de plano con el consiguiente “CHAN!!” de los violines o la sombra que se cruza delante de la cámara.

SHIT!!

Mención especial requiere el señor Radcliffe, puesto que este es su primer papel postPotter, donde debe convencernos de que sirve para más cosas que agitar una varita o perseguir horrocruxes. Y es que, después de protagonizar una enorme saga, tan exitosa a nivel mundial, puedes acabar encasilladísimo, más aún si encima has crecido interpretando al personaje. Si bien es cierto que siempre será Harry Potter, en esta película demuestra que es un actor muy bueno, capaz de combatir con ese lastre, porque, sin hacer un papel memorable, al menos sienta las bases para marcarse una carrera muy fructífera, si sabe escoger bien sus papeles. Pero todavía tiene camino que recorrer para quitarse definitivamente las gafas y que éstas sean reclamos para sus próximas películas y no su talento.

Para acabar, un consejo: quien tenga una pareja cagueta y propensa a la agresión que descarte esta película, pues puede salir muy accidentado. Doy fe de ello. En fin, a ver quién es el guapo que duerme esta noche…