Ayer fue el día de la Hispanidad, el día de la Patria española (a esto se le llama tener olfato periodista y ser innovador), con su consiguiente desfile militar, al que acudió, como todos los años, Su Majestad el Rey acompañado del Príncipe y de las secuelas de su operación. Un desfile que, como estamos en crisis, fue más austero que otros años. Yo no lo vi, principalmente porque me aburre un poco, pero esencialmente porque era día de fiesta y lo aproveché para dormir un poco más. Ya en las noticias podría ver si habría pasado algo interesante. Pero no.
Nada nuevo bajo el Sol del 12 de octubre, con la excepción de que el Rey pasó revista en coche y que se mantuvo la mayoría del desfile sentado y que el público se situó más lejos para evitar que el no-presidente Zapatero fuese abucheado, cosa que fue en vano ya que los pitidos y abucheos se escucharon, junto con los gritos de “Zapatero, dimisión” (mientras el primo lejano de mr. Bean se preguntaba por qué querrían que dijese misión; lo sé, es un chiste muy malo) y demás consignas de todos los años. Lo de siempre. Sin embargo, para mí se ha convertido en una costumbre absurda, que el primer año que lo hicieron tuvo gracia. Pero dudo que a este señor le interese ya lo que piensan los españoles de él.
Así pues, el interés radicó en la conversación que tuvieron los dos que están en carrera hacia el puesto que abandona ZP: Rajoy y Rubalcaba. ¿De qué hablaron? ¿De temas trascendentales para el futuro de España? ¿De la crisis? ¿De ideas para sacar a los 4 millones y pico de parados de su situación? ¿De posibles alianzas para trabajar en pos del futuro del país y no del beneficio propio o del partido? Ni de flay. La cosa estuvo entre el fútbol (Real Madrid, of course; al menos, gane quien gane, el presidente será del Madrid y los tontitos anormales podrán volver a cantar eso de “el equipo del gobierno”, para regocijo de la bilis que soltarán), lo dura que es la campaña electoral y sobre la vida en general. Y no les culpo: ayer era un día de fiesta y no había que romperse la cabeza en esos temas. De lo que sí les culpo es de que probablemente no traten nunca esos temas y que, gane quien gane, asistiremos al mismo espectáculo de siempre.
Por otro lado, y para no salirse de la tónica, la Selección española ganó de nuevo, esta vez en un gilipartido ante Escocia. La noticia es que jugaron 7 del Barça y se lo toman como un ataque madridista de Del Bosque para lastrar al equipo barcelonés acentuando el virus FIFA. El madridista Del Bosque que se está pensando seriamente si aceptar o no el convertirse en Socio de Honor del Real Madrid, club del que salió de una forma lamentable, cierto es, pero que ha hecho de él lo que es y al que debería estarle agradecido de por vida, independientemente de quién lo presida. Lo cierto es que es el mejor homenaje que se le podría hacer desde el club, y estoy seguro de que es algo más valioso que ser Marqués o el Nabo de Oro. Puede que, además del rencor que le guarda a Florentino, le eche para atrás el hecho de que no será el único homenajeado por el club, sino que tendrá que compartir protagonismo con Rafa Nadal y Plácido Domingo, otros madridistas ilustres. Yo, a pesar de todo, confío en la buena voluntad del salmantino y que hará gala del señorío que tiene, como nos recuerdan una y otra vez por todas partes. En cualquier caso, si lo acepta, mi más sincera enhorabuena.