Por partida doble

Mantener este blog a diario es algo que me encantaría, pues tengo muchas ideas para miles de post (la sección borrador está llena de ellas), pero no puedo porque ando en un bache literario bastante profundo que me impide desarrollar bien mis planteamientos, probablemente por desuso y falta de práctica. Pero hay días en los que de no escribir nada paso a encontrarme con dos temas que obligan a un servidor a escribir dos posts en uno. El primero tiene que ver con el Madrid. El segundo es una aventura personal. Disfrutadlos.

El llanto del madridismo

Mourinho, ese ser repugnante con la obsesión enfermiza de dinamitar los cimientos del fútbol español convirtiendo al Madrid, el equipo del señorío que ponía el culo en pompa para que el Barcelona de Guardiola, de Xavi, de Iniesta, de Messi y compañía, de la columna vertebral de esa España campeona del Mundo (triunfo que supuso el paso definitivo para salir de la crisis y de todos los males que asolan al país) pudiese continuar con su labor de evangelización futbolística, rescatándonos del antifútbol, en una maquinaria sin alma obsesionada con la victoria, en ganar y ganar y al Barcelona desquiciar; en un equipo que osa ser competitivo, que ha roto la bonita tradición (porque el Madrid es un equipo de tradiciones) de caer en octavos de la Champions varios años seguidos, de no mantener al mismo entrenador durante una temporada (o media, incluso, en los mejores tiempos). Ese ser dio un paso más en su línea de destrucción cuando “prohibió” a los jugadores a hablar con la prensa, en una clara acción de terrorismo informativo, atentando contra el aficionado y los niños pobres y hambrientos del mundo, que no pudieron escuchar a los jugadores del clubl.

Un club presidido por un impresentable como Florentino Pérez que, a diferencia de su antecesor, no invita a los periodistas al Txistu (donde se aprende el oficio de verdad, donde está el periodismo de calidad), no amaña asambleas colando a los ultras o a socios no compromisarios, incluso atléticos, ni permite filtraciones. Pretende que él, como presidente, y no los periodistas, como altavoces de la afición, dominen el club, y pone a un portugués (UN PORTUGUÉS) y su clan mafioso a organizar un vestuario competitivo donde los jugadores no admiten la derrota, en un afán de ir a contracorriente realmente repugnante y prepotente. Todo esto está alejando al Real Madrid de su imagen tradicional, esa por la que  un madridista de pro junto al resto de periodistas de AS y PRISA, como Relaño, Roncero, Manolete, Lama, González, etc., verdaderos madridistas y simpatizantes que intentaron ayudar a Calderón (“tú no dimitas, que nosotros te levantamos”), derrama lágrimas de rabia e impotencia, como es Pedro Pablo San Martín, mientras Siro López le espeta argumentos zafios y vulgares, los ya señalados aquí. Afortunadamente San Martín se encuentra con el apoyo de los periodistas culés, tan preocupados ellos por la histórica imagen y el señorío del Madrid (o Madrit, como ellos dicen). Era desgarrador ver a Khedira, como nos señala Pedro en su sentido soliloquio, interrumpido por las quisquilleces de Siro, perdido en una rueda de prensa, sin poder responder a preguntas tan vitales para el madridismo como las que les llevan los portavoces autorizados. Porque todo madridista quiere saber si Khedira (ese jugador con el que Radio Marca decide cortar la rueda de prensa porque no interesa lo que dice) y los demás jugadores hablarán después del partido. ¿Hay derecho a que el innombrable esclavice a la plantilla y obligue a Khedira a no hablar fuera del campo? ¿En qué estamos convirtiendo al Madrid? ¿En un equipo que se dedique a jugar al fútbol? Las lágrimas de Pedro Pablo son la mejor muestra de la rabia que sentimos los madridistas.

"Por aquí me paso vuestro señorío"

O bueno, a lo mejor las lágrimas de impotencia son porque, cada día que pasa, con cada victoria del Madrid de Mou, con cada muestra de apoyo de los aficionados de a pie, los seis puntos de ventaja en Liga, el tener un pie y medio en semifinales de Champions por segundo año consecutivo hacen que esos días de gloria y mangoneo del prisismo se queden en un lejano recuerdo, la sombra de un sueño hermoso que te hace disfrutar en el momento pero que, cuando despiertas, queda lejos, como si nunca hubiese ocurrido. Quizás sean los periodistas con “menos” voz los que tienen razón y den una visión menos tremendista del asunto, como Jabois o Gistau. Lo mismo es que los borregueros tienen miedo de que la mayoría de su rebaño se haya puesto erguido, se haya quitado las orejeras y empiecen a mirar la luna en lugar de el dedo que la señala. Y eso es con el fútbol. Imaginad qué pasará cuando se levanten y se abran los ojos con otras facetas más “transcendentales” de la vida (y lo entrecomillo porque si el fútbol, especialmente el Madrid, no son transcendentales, no sé qué más puede serlo) tal como estamos haciendo con el madridismo. Lo mismo, a final de temporada, las lágrimas de rabia se convierten en oportunistas lágrimas de alegría y de un “yo siempre creí” (tan fansista) de los que se suben al carro. Quizás aquellos que decían “este no es mi Madrid” o “el Madrid ganará la Liga y puede que la Champions, pero ha perdido lo más importante” puedan recuperar ese 25% de pérdidas. Quizás, quizás, quizás.

#elhorror

Muchos conocen la película Apocalypse Now!, pocos de los que la conocen la habrán visto, así que imagino que pocos conocerán esa mítica frase soltada por el Marlom Brando fatty de la película: “el horror…” Para el que no haya visto la película, el horror de Brando se refería a ese conflicto bélico tan llevado al cine hollywoodinense como es la Guerra de Vietnam, en algo parecido a lo que se hace en España con la Guerra Civil, pero en menor número y sin subvenciones (probablemente). El horror. Una frase contundente para describir un cúmulo de emociones terribles por las que pasa el ser humano. Todos tenemos momentos de nuestra vida que podríamos definir como “el horror”. Momentos que han pasado y que no volverán, momentos que están por llegar o momentos que se repiten cíclicamente en el tiempo, como el inevitable paso de las estaciones. El mío es de estos últimos y hoy se ha repetido.

Como todos sabemos, el refranero español es maravillosamente ingente. Hay refranes y dichos para todo tipo de situaciones y la mayoría alberga más sabiduría que muchos libros intelectuales. Aunque hay algunos que te condenan, que nadie sabe quién fue el desalmado que lo soltó y quiénes los cabrones que lo pusieron de moda, pero están ahí. Pasan de ser refranes a convertirse en tradiciones obligadas. Y, acercándose la Semana Santa, la semana de tradiciones por excelencia, existe el refrán (más bien el dicho) de que si no estrenas algo el Domingo de Ramos se caen las manos: las tuyas y las mías. De este tipo de dichos en los que algún miembro del cuerpo corre peligro (como el de “San Cutufato, hasta que no aparezca los huevos te ato”; normal que hiciesen santo a ese hombre, que no sólo tiene la carga de llamarse así, sino que cada vez que alguien pierde algo, se le atan los machos) no hay ninguno que me asuste más que ese. No sólo por el peligro de que se me caigan las manos (a ver cómo carajo me alivio sin manos, que con algunas cosas no se podría jugar, como con la PS3) sino por lo que implica eso: tener que comprar ropa. Y, para comprar ropa hay que “ir de compras”. Y para ir de compras tienes que ir con una persona de sexo femenino muy cercana a ti: tu madre o tu novia. Con ambas te lo pasas bien, porque tu madre te invita a cosas y tu novia, aunque tengas que ser tú el que te invita, te da la opción de presumir de poderío masculino. Pero eso es fuera del período de compras. En la actividad en sí es donde reside mi miedo, mi horror. Y en esta competición ganan las madres. Hoy he ido con mi madre. Os voy a relatar el horror.

El Infierno

A primera hora de la mañana nos encontramos en el Corte Inglés. El paso por el emporio fue breve, apenas unos 15 minutos. Como la calma que precede a la tempestad. Hubo un gran silencio, muy tenso, cuando se abrieron las puertas automáticas del centro comercial Nervión Plaza. Cada vez que entro por esas puertas tengo sentimientos encontrados, pues mi mente lo asocia a cine, MacDonald’s o tiendas de ropa, yendo mi espectro de emociones de la excitación pura y dura al mayor de los desasosiegos. Conforme nombres como Zara, Cortefield, Massimo Dutti o Springfield iban desfilando ante mis ojos supe que, irremediablemente, estaba atrapado en medio de un huracán. En lugar del olor a napalm por la mañana, mi amplia nariz registraba el desagradable olor del parqué, de la ropa recién sacada del almacén, de las miles de bolsas de esa especie de papel marrón gordo, a medio camino entre el folio y la cartulina (no tengo ganas de buscar el nombre real). En vez de la Cabalgata de las Valkyrias a todo trapo en altavoces de los helicópteros, mis oídos eran torturados con el repugnante hilo musical de las tiendas, esa “música” tan desprovista de alma, de los pasos de miles de personas, algunas absortas e idas, como yo, otras con frenético paso en busca de las mejores prendas.

Tras 3 horas de esperas, de probaturas, de involución hasta transformarme en un mulo de carga autómata, con Twitter como única ventana hacia la cordura, la pesadilla acabó. Mi madre, como buen capataz, me recompensó con una frase mágica: “vamos a tomar unas cervezas…”. Eso me hizo presagiar que el horror había terminado, por el momento, hasta que nuevas temporadas, rebajas o eventos por el estilo reapareciesen, obligándome a pasar por esa peregrinación a una Meca siniestra. Pero los puntos suspensivos siempre tienen una connotación negativa en mi vida, y las madres tienen ese don de hacerte creer que lo malo ha terminado con la promesa de algo bueno… pasando antes por algo muy malo: “… en cuanto me pruebe todo esto que he visto cuando hemos echado un vistazo en X. Tardo muy poco, espérame aquí fuera”. El último coletazo del horror… La espera eterna, con la meta tan cerca y a la vez tan lejos. La caña llegó, pero las secuelas de este horror vivido hoy se suman a las ya pasadas, y ninguna cerveza podrá remediarlas, igual que a los veteranos de Vietnam nunca se les pasará el infierno que vivieron.

Las amenazas de Freixa

Los guardianes del señorío del Madrid (prensa catalana, directivos culés, gente de a pie que ni pincha ni corta, etc. Voces autorizadas para hablar del Madrid) andan revueltos de nuevo. El asunto está más que requetemanido: la negativa del Real Madrid a poner el culo en pompa y ceder su estadio, repito, su estadio, para la final de la Copa del Rey (de España) que se disputará entre el Barcelona y el Bilbao, desatándose así la polémica por el pisoteo constante que el clan nazi, fascista y anticatalán (a los de Bilbao los podemos dejar tranquilos, de momento, porque el único fantasma que tienen está en el banquillo, pero no abre demasiado la boca) somete a los valores del club y su señorío, todo obra de ese portugués que maneja a su antojo al imperialista de Florentino (nótese el sarcasmo). Esto debería ser un hecho más que anecdótico, pues el estadio Santiago Bernabéu es del Madrid, y si éste dice que no, es que no. Y punto.

Pero, ¡ay!, resulta que el Madrid está en una situación inmejorable, con la ventaja sobresaliente en Liga, en un estado de forma envidiable, una eliminatoria plácida a priori y sin atisbo de fisuras en el vestuario. Todo por culpa de un Mourinho que se está cargando a la prensa y el fútbol españoles con todo esto. Normalmente, a estas alturas se estaría especulando con los miles de sustitutos al banquillo (aunque ahora que Míchel no suena, no sé qué harían), fichajes y demás. Y en Barcelona estarían con sus dogmas sobre la cantera y el fúpbol. Pero no. Así que el foco de atención debe ser que el Madrid no cede su estadio para la final demostrando poca clase y poniendo en peligro ese señorío que se ataca o defiende cuando conviene.

Y la imagen visible de este paripé es el portavoz del Barça, Toni Freixa. Parecía que Rosell era el único dentro de la Junta que provocaba subidas de pan con sus declaraciones estúpidas, prepotentes y a destiempo. Pero resulta que hay otro que le supera, y mucho. El tal Freixa está cobrando un protagonismo absoluto desde que surgió la idea en Can Farsa de poder consumar la vendetta contra Mou por estropear el portugués el camino hacia aquella final de la Champions 2010 en el templo madridista. Porque es el único motivo por el que los culés quieren el Bernabéu: la provocación que supondría ganar en el estadio blanco.

Como decía, cada vez que Freixa abre la boca, el titular está garantizado con declaraciones que dejan al Jar Jar Binks de mi entrevista de ayer a la altura del Nobel. Frases como “la final debería ser un honor para el Bernabéu” o el repentino interés por el beneficio que supondría para la hostelería de la capital, son motivos más que suficientes como para prohibirle la entrada de por vida en el estadio. Pero la palma se la lleva con unas declaraciones en las que dice lo siguiente: “No queremos polemizar (con la RFEF) a pesar de que tenemos motivos de sobra para ello”.

Y se queda tan pancho. ¿Qué motivos puede esgrimir un club como el F.C. Barcelona para amenazar con polémicas a la FEF, que tanto le ha dado al club en los últimos 8 años? ¿Acaso mencionará el señor Freixa que la FEF tardó mucho en ignorar el episodio del cochinillo y la botella de whisky? ¿O le reprenderá por haber pasado de largo el plantón del equipo en la Copa del Rey? ¿Hablará, quizás, de cuando el Barcelona se negó a ceder el Camp Nou para la final de 2004? A esto sí que ha contestado con una respuesta a la altura de su personaje: “Lo de 2004 no me consta en absoluto, la determinación de la sede se debió hacer con las preferencias normales. No me consta que el Barcelona hiciera absolutamente nada”. Independientemente de que esto sea cierto o no, nadie tendría que justificar el no querer ceder su casa para algo que no le agrada. Nadie lo hizo en su día con el club catalán. ¿Por qué esta movida con el Madrid? Pues por eso mismo, porque es el Madrid. Pues nada, yo animo al señor Freixa a polemizar cuanto quiera. Pero deje al Madrid en paz, aunque vencer su madriditis sea algo superior a sus fuerzas.

Entrevista Creativa

En este nuevo cuatrimestre que acaba de empezar me encuentro con una asignatura llamada Literatura y Periodismo (creo que no hace falta explicar en qué consiste). Según la profesora, será una asignatura teórica y práctica, con comentarios de texto y esas cosas. Nada nuevo bajo el sol. Tiene unas cuantas prácticas optativas (momento en el que el cerebro suele desconectar un poco), como una especie de ensayo sobre algún articulista, algún trabajito sobre una novela periodística ficticia (como “A Sangre Fría”, de Capote), una entrevista de creación…

-¿Cómo? ¿Una entrevista de qué?

-De creación.

-¿Y eso de qué va?

Pues eso, una entrevista en la que te inventas las declaraciones del entrevistado, lo que te da la posibilidad de hacer una entrevista a quien (o a lo que) quieras. Es una clase de entrevista de la que he visto muy pocos ejemplos. Unos ejemplos muy famosos podemos verlos en los anuncios del Banco Sabadell (esa entrevista del Pep, por ejemplo). Otros, menos conocidos, pero con la gracia y la mala leche que le caracteriza, se pueden ver en estas entradas de Fans del Madrid, cuando era dominado por el Mastuerzo. A mí esa idea me ha molado, así que me he decidido.

Tras tirar de mis contactos y mis fuentes, tengo el placer de presentarles la entrevista soñada por todo periodista. Un placer sentarse ante un personaje que dé tantos titulares en una sola pregunta. De esos que te dan respuestas profundas sin la necesidad de tochacos que hagan de la barra lateral de desplazamiento de la página una simple línea (como en JotDown). Ni más ni menos que Jar Jar Binks!

“Michel Teló se burla de los gunganos”

Cuando recibo a Jar Jar Binks (Otoh Gunga, hace mucho, mucho tiempo) en mi salón, lo primero que hace es dirigirse efusívamente hacia mí, tirando accidentalmente una estantería perfectamente ordenada un par de horas atrás después de resbalar con su propia túnica de Senador, tropezar con una silla y caer estrepitosamente de culo mientras grita “¡misa siento! ¡Misa siento! ¡Misa causa destriozo! Misa arrepentido…” Y yo, contemplando ese espectáculo, pienso “George Lucas también, por lo visto”. Pero me lo guardo para mí.

PREGUNTA. Jar Jar Binks, Binks, Jar Jar… ¿Cómo le llamo?

RESPUESTA. Tusa llama como qüiera. Jar Jar está bien.

P. Estupendo… Bueno, Jar Jar, en su afán por explotar su saga, George Lucas ha decidido estrenar en 3D la película que supuso su debut, La Amenaza Fantasma. ¿Qué opinión le merece esta estrategia comercial de remasterizaciones, reediciones y demás? 

R. Misa opinia que Lucas soberano de su obra, puede hacer lo qüe quiera con ella. De algo tie que comier, si no hace pilículas más y su rancho no puede mantieneer, tendrá que apiostar sobre seguro.

P. La campaña de promoción ha mostrado a Darth Moul como reclamo casi principal de la película, cuando el personaje que más llamó la atención en su día era el suyo… ¿Siente algún ninguneo?

R. Eh… (titubea durante un rato)… eh… mi no sepo. Por unia parte está el hecho de que muchia muchia gentie me odia… ¡más que en Otoh Gunga cuando… eh, mejor no hablio esto! Mi familia lloriaba y lloriaba con los comentarios de Yiutube… Gente muy cruele… Perio también tenía fanes a montiones. Misa no quiere piensar mal… pero creo que a Lucas no caerle bien…

P. Esa declaración es dura… Él le dio la oportunidad, al fin y al cabo.

R. ¡Sí, sí! No malienterprites, misa agradecido a Lucas siempre… pero creio que no estía contento con eso…

P. Bueno, lo que cuenta es que le dio la oportunidad y es usted uno de los personajes míticos de la saga… ¿Le afectó la fama en su vida normal? ¿Fue decisiva para que le nombrasen primero general y luego senador?

R. ¡Oh, muy, muy! Misa pasa de biufón destierrado a héroe, gracias a Jedi con cara Liam Neeson, qüi salva mi vida un bono día… Entionces, naves, droides, batialla grande… muy muchas emociones qüe forjan cariacter… Imagina el impactio que debe ser pasar die cuondenado por tu pueblo a representarlos en Senado Galiáctico.

P. Debe ser una gran responsabilidad…

R. Pues sí, especialmiente desde muerte Natalie Portman… Nueva reina Naboo no siabe hablar bien y recae peso planete entero en mi espalda. Piero Naboo tiene buena fiama y es fácil… Con gunganos es difícil, porque nosa somun pueblo nuevo y es gran honor y responsabilidade para nosa…

P. …nossa nossa assim você me mata…

R. (Esto le altera y empieza a gritar y a soltar una retahíla de cosas ininteligibles)

P. Vaya, lamento haberle ofendido…

R. No soporta! ¡Misa no soporrrrtanesa canción! Michel Teló cree qüe piuede burlarse de forma de hablar de nosa…

P. ¿Cómo dice?

R. Estía claro… Michel Teló se burla de gunganos con “Ay si eu te pego”. Tanto nosa, nosa…

P. Pero está hablando en portugués… es su idioma…

R. ¿Portugués? ¿Qüé eso?

P. Es un idioma que hablan en Portugal… país vecino. Aunque el tío es brasileño, pero vamos… al caso es lo mismo.

R. (Se muestra sorprendido) Vaya… Entonces, ¿no burla de nosa?

P. No.

R. Misa debe disculpa…

P. No pasa nada. Vayamos a temas más serios. El momento de la lengua… No se me ofenda, pero si ya es duro entenderle, imagino que con la lengua paralizada no lo pasaría especialmente bien, ni usted ni su entorno… ¿Cómo hacía para comunicarse? ¿Cuánto duró el efecto?

R. No fácil, no fácil. Lo más diuro fue para comida. No puden tragar ni nada, no sabor… Infierno! Piero al menos aprendía escuchar… Estiuve así durante unan tres horas más o minos.

Hola dola!

P. Espeluznante, la verdad. ¿Le gustaría dar algún mensaje?

R. Tusa siempre cree en ti mismo. Si tusa non cree, nadien cree. Si tusa qüiere llegar liejos, no hace falta gran listo. Tusa cree en ti y lliega lejos. Mira misa.

P. No se tenga en tan baja estima. Una persona sin inteligencia, por mucha fe que tenga, no puede llegar muy lejos, ¿no?

R. Tusa no conioce Justin Bieber, parece… ¿Tusa cree que niño Canadá inteligente?

P. Vaya, eso me ha descolocado…

R. Respuesta es no. Pero niño con cara niña que cantia cree muy muchio en él… Misa pasa igual…

P. Con esto me ha dejado usted claro que se equivoca y se infravalora. No tenemos mucho tiempo más. Gracias por su tiempo, Jar Jar. Que haya suerte con el reestreno de la película y le odien un poco menos.

R. Tusa muy amable. Pliacer hablar con tusa… (Mientras dice esto, se vuelve a tropezar, esta vez con su propio pie, tirando a su vez la mesa donde mi madre pone las fotos buenas, rompiendo los marcos en mil pedazos).

Merci beaucoup

Me pasa una cosa con Francia: la detesto. No soy el único, está claro. Y es que ellos se lo han buscado, supongo. Odio el idioma, aunque digan la falacia de que es el idioma del amor (yo siempre creí al italiano merecedor de ese título). Odio la pose que de “enteraos” que tienen, como de mirarte por encima del hombro. Odio a David Guetta. Odio que me digan que por tener frenillo se me tiene que dar el francés (seguimos hablando del idioma) de fruta madre. Odio los quesos, especialmente el roquefort. Odio a Renaudot. Y odio su carcajeo gutural.

Puede que me deje cosas en el tintero, pero el objetivo de este post no es hacer gala de mi xenofobismo a lo francés, sino todo lo contrario. Porque, al igual que dicen que Sevilla es preciosa sin los sevillanos, Francia tiene mil cosas maravillosas: París es una ciudad maravillosa (ahí puede que lleven razón con el romanticismo), la repostería y bollería francesa me han dado tardes y mañanas de gloria (dame un croissant, un crêpe o una baguette y llévate todo lo demás), nos han dado futbolistas maravillosos (salvo Anelka), ni más ni menos que Zinedine Zidane o Karim Benzema, por nombrar a los más elegantes que haya visto. Pero, sobre todo, tienen a Marion Cotillard.

Me derrito

Aunque sólo hay una mujer que tenga ganado por entero mi corazón, no puedo evitar llenar mi vida de amores platónicos, de una variedad y riqueza de lo más variopinta: lo mismo me enamora una cantante cualquiera como Pixie Lott (de quien me escuché su primer disco, y varias veces), una sonrisa de Hathaway, la voz y la sonrisa (y los ojos, y el pelo… todo) de Duffy, ese noséqué que tiene Christina Hendricks (no hagamos el chiste fácil, adoro a las pelirrojas)… Podría continuar con muchas más, pero hoy sólo me quiero centrar en una actriz que entra en mi lista de amores imposibles por su enigmática belleza. Una belleza de esas con las que tienes que detenerte y girar la cabeza, porque, al verlas por la calle, tienes esa sensación de pensar “un momento…”, porque es una belleza que no te choca de manera despampanante, a quemarropa, con fuegos artificiales, sino con la sutil llamada de una mirada fugaz que apunta directa al alma (el corazón sería una herida demasiado superficial), una belleza que hace de un alzamiento de ceja el llamamiento a la pasión más desbordante. Y qué decir de su sonrisa…

Estoy hablando de Marion Cotillard, la actriz francesa que ganó el Óscar por su interpretación de Édith Piaf y que parece haberse convertido un poco en la musa de Christopher Nolan (en Origen y en The Dark Knighr Rises). Es la chica que enamoró a Owen Wilson en Midnight in Paris, donde encaja perfectamente en el ambiente romántico del París de los años 20, con ese aire de no haber roto un plato en su vida y esperar algo más de la vida. Yo la descubrí, sin embargo, en su papel de la embarazada nuera del protagonista de Big Fish. Y, como en los mejores amores, el flechazo fue instantáneo. En ella todo es perfecto, hasta el francés me parece romántico cuando sale de su boca (sigo con el idioma). Así pues, Francia, merci beaucoup. Por esto te odio un poco menos.

Una cuña, por los viejos tiempos

Hoy es 31 de enero (gracias, capitán obvio). Final del primer mes del año. Martes. Para mucha gente es un día normal. Para otros, sin embargo, es un día muy especial: el día de las cuñas. Los segundos sabrán por qué lo digo. Para los primeros, os saco de dudas. Hoy es el día de San Juan Bosco, aquel sacerdote turinés que fundó la congregación de los salesianos, especializados en los niños de la calle y su educación y su formación religiosa para las que fundaron miles de escuelas y hogares a lo largo y ancho de este mundo. Yo tuve la suerte de pertenecer a uno de esos colegios, el de Morón de la Frontera. Y allí, cada 31 de enero, después de la misa en honor a nuestro fundador, se repartían las deliciosas y maravillosas cuñas (ignoro si es una tradición común a todas las casas salesianas o sólo pasa en Morón).

Yo me zampaba tres o cuatro de estas

Hoy, en el punto álgido de los exámenes de la universidad, me he permitido el lujo de bajar a por un par de cuñas (ya no soy un chavalín, tengo que cuidar la línea), con la excusa de despejarme del estudio. Al primer bocado me transporté inmediatamente a esos días que tanto me gustaban, principalmente porque eran una fiesta continua sin clases que la estorbasen, con juegos, competiciones deportivas, gymkanas temáticas, concursos tipo saber y ganar, donde se enfrentaban a los más listos de las dos clases de sexto de primaria, A y B. Recuerdo que el grupo de mi clase, la A, en el que no podía faltar yo, perdió contra la B, en un atraco sin precedentes, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que el juez era el tutor de 6ºB, una suerte de villarato a nivel salesiano.

Sin embargo, lo que se llevaba la palma era el concurso de playbacks. Hoy día están muy desvirtuados, pues los niños están más pendientes de coreografías paródicas (supongo que involutariamente) de famas y programas de baile de esos, donde poder restregarse con las zagalitas que de la verdadera esencia del playback: la caracterización. Hoy se ponen cualquier trapo y empiezan a bailar canciones de reggaetonto, de Pitbull feat. su vieja y cosas por el estilo. Antes tenía más gracia: era una competición, al estilo Tu Cara Me Suena, pues los participantes tenían que elegir un artista e imitarlo. Yo participé varias veces, ganando en dos ocasiones: con cuatro años mi imitación de Alejandro Sanz provocaba los gritos alocados de las muchachas de 4º de ESO, unas mujeres jóvenes desde mi perspectiva de crío, y otra como José Luis Perales y su América.

Podría seguir con miles de anécdotas, muchas divertidas, las no protagonizadas por servidor y otras humillantes, que sí me tienen como protagonista, como mis participaciones en carreras terminando último con mucha distancia del más gordito de la clase o el cante en un karaoke, algo así como la condena de la sonoridad para muchos actores de cine mudo. Camilo Sesto no me volvió a sonar igual desde que destrocé Melina delante de todo el colegio. Pero estaríamos aquí horas y horas y horas, me dejaría muchos recuerdos de por medio, acabaría redundando en mis frases, cosa que me recuerda mi padre cada vez que tiene la oportunidad (pero es el lector más fiel, así que no me quejo y tomo nota siempre que puedo y me acuerdo), y todo para destacar una cosa: que gracias a Don Bosco, además de ser un (o intentarlo) buen cristiano y un honrado ciudadano, tengo un pasado maravilloso que recordar, grandes amigos y fructíferas experiencias que han hecho de mí lo que soy. Así pues, brindo con una cuña, por los viejos tiempos y por Juanito Bosco.

Padre, Maestro y Amigo