Mantener este blog a diario es algo que me encantaría, pues tengo muchas ideas para miles de post (la sección borrador está llena de ellas), pero no puedo porque ando en un bache literario bastante profundo que me impide desarrollar bien mis planteamientos, probablemente por desuso y falta de práctica. Pero hay días en los que de no escribir nada paso a encontrarme con dos temas que obligan a un servidor a escribir dos posts en uno. El primero tiene que ver con el Madrid. El segundo es una aventura personal. Disfrutadlos.
El llanto del madridismo
Mourinho, ese ser repugnante con la obsesión enfermiza de dinamitar los cimientos del fútbol español convirtiendo al Madrid, el equipo del señorío que ponía el culo en pompa para que el Barcelona de Guardiola, de Xavi, de Iniesta, de Messi y compañía, de la columna vertebral de esa España campeona del Mundo (triunfo que supuso el paso definitivo para salir de la crisis y de todos los males que asolan al país) pudiese continuar con su labor de evangelización futbolística, rescatándonos del antifútbol, en una maquinaria sin alma obsesionada con la victoria, en ganar y ganar y al Barcelona desquiciar; en un equipo que osa ser competitivo, que ha roto la bonita tradición (porque el Madrid es un equipo de tradiciones) de caer en octavos de la Champions varios años seguidos, de no mantener al mismo entrenador durante una temporada (o media, incluso, en los mejores tiempos). Ese ser dio un paso más en su línea de destrucción cuando “prohibió” a los jugadores a hablar con la prensa, en una clara acción de terrorismo informativo, atentando contra el aficionado y los niños pobres y hambrientos del mundo, que no pudieron escuchar a los jugadores del clubl.
Un club presidido por un impresentable como Florentino Pérez que, a diferencia de su antecesor, no invita a los periodistas al Txistu (donde se aprende el oficio de verdad, donde está el periodismo de calidad), no amaña asambleas colando a los ultras o a socios no compromisarios, incluso atléticos, ni permite filtraciones. Pretende que él, como presidente, y no los periodistas, como altavoces de la afición, dominen el club, y pone a un portugués (UN PORTUGUÉS) y su clan mafioso a organizar un vestuario competitivo donde los jugadores no admiten la derrota, en un afán de ir a contracorriente realmente repugnante y prepotente. Todo esto está alejando al Real Madrid de su imagen tradicional, esa por la que un madridista de pro junto al resto de periodistas de AS y PRISA, como Relaño, Roncero, Manolete, Lama, González, etc., verdaderos madridistas y simpatizantes que intentaron ayudar a Calderón (“tú no dimitas, que nosotros te levantamos”), derrama lágrimas de rabia e impotencia, como es Pedro Pablo San Martín, mientras Siro López le espeta argumentos zafios y vulgares, los ya señalados aquí. Afortunadamente San Martín se encuentra con el apoyo de los periodistas culés, tan preocupados ellos por la histórica imagen y el señorío del Madrid (o Madrit, como ellos dicen). Era desgarrador ver a Khedira, como nos señala Pedro en su sentido soliloquio, interrumpido por las quisquilleces de Siro, perdido en una rueda de prensa, sin poder responder a preguntas tan vitales para el madridismo como las que les llevan los portavoces autorizados. Porque todo madridista quiere saber si Khedira (ese jugador con el que Radio Marca decide cortar la rueda de prensa porque no interesa lo que dice) y los demás jugadores hablarán después del partido. ¿Hay derecho a que el innombrable esclavice a la plantilla y obligue a Khedira a no hablar fuera del campo? ¿En qué estamos convirtiendo al Madrid? ¿En un equipo que se dedique a jugar al fútbol? Las lágrimas de Pedro Pablo son la mejor muestra de la rabia que sentimos los madridistas.
O bueno, a lo mejor las lágrimas de impotencia son porque, cada día que pasa, con cada victoria del Madrid de Mou, con cada muestra de apoyo de los aficionados de a pie, los seis puntos de ventaja en Liga, el tener un pie y medio en semifinales de Champions por segundo año consecutivo hacen que esos días de gloria y mangoneo del prisismo se queden en un lejano recuerdo, la sombra de un sueño hermoso que te hace disfrutar en el momento pero que, cuando despiertas, queda lejos, como si nunca hubiese ocurrido. Quizás sean los periodistas con “menos” voz los que tienen razón y den una visión menos tremendista del asunto, como Jabois o Gistau. Lo mismo es que los borregueros tienen miedo de que la mayoría de su rebaño se haya puesto erguido, se haya quitado las orejeras y empiecen a mirar la luna en lugar de el dedo que la señala. Y eso es con el fútbol. Imaginad qué pasará cuando se levanten y se abran los ojos con otras facetas más “transcendentales” de la vida (y lo entrecomillo porque si el fútbol, especialmente el Madrid, no son transcendentales, no sé qué más puede serlo) tal como estamos haciendo con el madridismo. Lo mismo, a final de temporada, las lágrimas de rabia se convierten en oportunistas lágrimas de alegría y de un “yo siempre creí” (tan fansista) de los que se suben al carro. Quizás aquellos que decían “este no es mi Madrid” o “el Madrid ganará la Liga y puede que la Champions, pero ha perdido lo más importante” puedan recuperar ese 25% de pérdidas. Quizás, quizás, quizás.
#elhorror
Muchos conocen la película Apocalypse Now!, pocos de los que la conocen la habrán visto, así que imagino que pocos conocerán esa mítica frase soltada por el Marlom Brando fatty de la película: “el horror…” Para el que no haya visto la película, el horror de Brando se refería a ese conflicto bélico tan llevado al cine hollywoodinense como es la Guerra de Vietnam, en algo parecido a lo que se hace en España con la Guerra Civil, pero en menor número y sin subvenciones (probablemente). El horror. Una frase contundente para describir un cúmulo de emociones terribles por las que pasa el ser humano. Todos tenemos momentos de nuestra vida que podríamos definir como “el horror”. Momentos que han pasado y que no volverán, momentos que están por llegar o momentos que se repiten cíclicamente en el tiempo, como el inevitable paso de las estaciones. El mío es de estos últimos y hoy se ha repetido.
Como todos sabemos, el refranero español es maravillosamente ingente. Hay refranes y dichos para todo tipo de situaciones y la mayoría alberga más sabiduría que muchos libros intelectuales. Aunque hay algunos que te condenan, que nadie sabe quién fue el desalmado que lo soltó y quiénes los cabrones que lo pusieron de moda, pero están ahí. Pasan de ser refranes a convertirse en tradiciones obligadas. Y, acercándose la Semana Santa, la semana de tradiciones por excelencia, existe el refrán (más bien el dicho) de que si no estrenas algo el Domingo de Ramos se caen las manos: las tuyas y las mías. De este tipo de dichos en los que algún miembro del cuerpo corre peligro (como el de “San Cutufato, hasta que no aparezca los huevos te ato”; normal que hiciesen santo a ese hombre, que no sólo tiene la carga de llamarse así, sino que cada vez que alguien pierde algo, se le atan los machos) no hay ninguno que me asuste más que ese. No sólo por el peligro de que se me caigan las manos (a ver cómo carajo me alivio sin manos, que con algunas cosas no se podría jugar, como con la PS3) sino por lo que implica eso: tener que comprar ropa. Y, para comprar ropa hay que “ir de compras”. Y para ir de compras tienes que ir con una persona de sexo femenino muy cercana a ti: tu madre o tu novia. Con ambas te lo pasas bien, porque tu madre te invita a cosas y tu novia, aunque tengas que ser tú el que te invita, te da la opción de presumir de poderío masculino. Pero eso es fuera del período de compras. En la actividad en sí es donde reside mi miedo, mi horror. Y en esta competición ganan las madres. Hoy he ido con mi madre. Os voy a relatar el horror.

El Infierno
A primera hora de la mañana nos encontramos en el Corte Inglés. El paso por el emporio fue breve, apenas unos 15 minutos. Como la calma que precede a la tempestad. Hubo un gran silencio, muy tenso, cuando se abrieron las puertas automáticas del centro comercial Nervión Plaza. Cada vez que entro por esas puertas tengo sentimientos encontrados, pues mi mente lo asocia a cine, MacDonald’s o tiendas de ropa, yendo mi espectro de emociones de la excitación pura y dura al mayor de los desasosiegos. Conforme nombres como Zara, Cortefield, Massimo Dutti o Springfield iban desfilando ante mis ojos supe que, irremediablemente, estaba atrapado en medio de un huracán. En lugar del olor a napalm por la mañana, mi amplia nariz registraba el desagradable olor del parqué, de la ropa recién sacada del almacén, de las miles de bolsas de esa especie de papel marrón gordo, a medio camino entre el folio y la cartulina (no tengo ganas de buscar el nombre real). En vez de la Cabalgata de las Valkyrias a todo trapo en altavoces de los helicópteros, mis oídos eran torturados con el repugnante hilo musical de las tiendas, esa “música” tan desprovista de alma, de los pasos de miles de personas, algunas absortas e idas, como yo, otras con frenético paso en busca de las mejores prendas.
Tras 3 horas de esperas, de probaturas, de involución hasta transformarme en un mulo de carga autómata, con Twitter como única ventana hacia la cordura, la pesadilla acabó. Mi madre, como buen capataz, me recompensó con una frase mágica: “vamos a tomar unas cervezas…”. Eso me hizo presagiar que el horror había terminado, por el momento, hasta que nuevas temporadas, rebajas o eventos por el estilo reapareciesen, obligándome a pasar por esa peregrinación a una Meca siniestra. Pero los puntos suspensivos siempre tienen una connotación negativa en mi vida, y las madres tienen ese don de hacerte creer que lo malo ha terminado con la promesa de algo bueno… pasando antes por algo muy malo: “… en cuanto me pruebe todo esto que he visto cuando hemos echado un vistazo en X. Tardo muy poco, espérame aquí fuera”. El último coletazo del horror… La espera eterna, con la meta tan cerca y a la vez tan lejos. La caña llegó, pero las secuelas de este horror vivido hoy se suman a las ya pasadas, y ninguna cerveza podrá remediarlas, igual que a los veteranos de Vietnam nunca se les pasará el infierno que vivieron.





