La comedia sí que está con el culo al aire

Ayer llegué a casa después de un día pesado en la facultad, de estos que incluyen examen y horas terminando un trabajo (un reportaje muy cuco sobre la cuesta de enero), exhausto, sin haber comido nada al mediodía y con poco o nada de pasta. Cuando llegué, me eché una cabezadita, me levanté, me duché, cené, me puse a ver la tele, me enfundé el pijama, me metí en la cama y me quedé dormido. ¿Es gracioso? No, ¿verdad? Pues así es, en mi opinión, la serie que estrenaba ayer Antena3, “Con El Culo Al Aire”.

¿Por qué pasan estas cosas en España? ¿Quién lo permite? Justo después de que terminase el primer capítulo de esto, emitieron un par de episodios de “Modern Family”, haciendo inevitable la comparación. Puedo llegar a entender que en España no se puedan realizar series del nivel de “Juego de Tronos”, “Walking Dead”, “Sherlock” o series de enormes presupuestos como con las que nos hacen gozar desde HBO, AMC, BBC, etc. Pero, por favor, que algún productor me diga que series como “How I Met Your Mother”, la ya citada “Modern Family”, “The Office”, por poner ejemplos de series relativamente nuevas, requieran grandes inversiones.

Porque estoy seguro de que el presupuesto de “Con el Culo…” es bastante mayor en sueldos de actores (entre los que se encuentran Paco Tous, la hermanísima de Paco León, María, Raúl Arévalo, etc. Vamos, que no son unos petardos ni unos novatos) que el de “HIMYM” cuando la serie empezó. Seguro. Lamentablemente esto es nuevo, porque España no es un país que haya dado comedias malas: ahí tenemos el recuerdo de “Siete Vidas”, de “Aquí No Hay Quien Viva”, de “La Que Se Avecina”, por citar a las más famosas.

Pero vamos a la serie en sí. La premisa no es demasiado original, aludiendo a los males de nuestro tiempo: crisis, hipotecas, políticos corruptos, el mal de amores, etc. Pero se acepta como animal de compañía. Un grupo de personas, después de verse machacadas por esos distintos pesares deciden empezar de nuevo en un camping de verano, de estos con bungalows, piscina y zona de barbacoas. Hay de todo: desde un prototipo de familia newage tipo “Los Serrano”, con padre soltero y 2 críos que se junta con madre soltera y cría adolescente y complicada, matrimonio de pijos venidos a menos, matrimonio de viejos que intentan buscarle parienta a su hijo (que probablemente no salga en toda la serie), una pareja de solteros, otra familia desestructurada con madre borrachuza, hija que se tiene que encargar de todo mientras un guiri (UN GUIRI) le quiere meter cuello y un hijo adolescente.

¿Dónde está el conflicto? Pues, como toda serie de vecinos que se precie, con la llegada del nuevo, en este caso, la nueva: una doctora divorciada que lo ha perdido todo y, con sus dos niñas, acaba en el camping al conocer de su existencia en un artículo de periódico. La nueva llega comiéndose el mundo, queriendo vivir de balde por su profesión y con pinta de ocultar algo. Así empieza el primer capítulo de esta serie, que se desarrolla a la spanish way: con tópicos, topicazos everywhere, estructurados en varias subtramas y una trama principal: Paco Tous intentando ganarse el cariño de la hijastra (una pija redomada bastante cargante), uno de los solteros tratando de que el otro le meta cuello a la nueva, la hija de la borrachuza desesperada con su madre… Ahí tenemos las subtramas. La principal recae en María León, que resulta ser una doctora inhabilitada, cosa chivada por el cabroncete de su exmarido, que quiere llevarse a las niñas, por lo que denuncia a la susodicha y van a juicio.

Da igual lo que haga, me tiene ganado con esos ojos

Cuando una comedia en la que el guión falla, son los actores los que deben tirar de ella para que pueda funcionar. Y esta serie los tiene: ahí tenemos a Paco Tous, que no es un cualquiera, a María León, a Raúl Arévalo (su personaje, dentro de lo razonable, es de lo mejorcito que hay) y a Iñaki Miramón como los más destacados, para mi gusto. Pero aquí es imposible. Especialmente sangrante es lo del personaje de Miramón, el marido del matrimonio pijo, porque uno no puede evitar ver en ellos una suerte de Recios moderados.

A pesar de todo, la serie no cosechó malos resultados de audiencia, supongo que por la novedad. Pero no le doy ni dos meses. Si existe justicia artística, correrá el mismo destino que la casposa “Salud” (me niego a llamarla “Cheers”). Aunque, quién sabe: lo mismo dura tres o cuatro años como otros proyectos infumables tipo “Mis Adorables Vecinos”.

El Ultimo Superviviente en Casa, IV

Aquí tenemos, calentito, recién salido del horno el cuarto programa de este blog! Con Javi Martínez y un servidor!

Parte 1. Sumario y Tertulia futbolística.

Parte 2. Recomendaciones de series.

Parte 3. Estrenos de cine de esta semana y la siguiente. Especial Mission Impossible 4.

Parte 4. Literatura y música. Especial BSOs videojuegos y villancicos.

Pues eso es todo por ahora. Ya sabéis, volvemos después de Navidad! Pero sigue pendiente al blog! Mañana, crítica de Don’t be Afraid of Darkness, la nueva peli de Guillermo del Toro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Tele no está perdida (reseña de American Horror Story)

O al menos en cuanto a ficción se refiere. Sí, amigos, si por algo merece la pena la televisión es porque estamos viviendo una época dorada en cuanto a series se refiere. No digo nada nuevo, esto no ha sido cosa de aparecer Mad Men y que, en una reacción en cadena o efecto dominó hayan aparecido de golpe series como Boardwalk Empire, Juego de Tronos, etc., porque antes teníamos Brothers In Arms, Dexter y… en fin, qué os voy a contar. Además de las temporadas de las series más “veteranas” como How I Met Your Mother, Modern Family o las ya mencionadas The Walking Dead o Boardwalk Empire, tenemos que añadir nuevas joyas, aunque yo sólo me centraré en una: American Horror Story

Escena

Da miedo, ¿verdad?

La serie parte de la premisa más previsible y tópica a más no poder de las películas de terror: familia con problemas se muda a casa asesina, con vecina psicópata (una enorme, como suele ser habitual Jessica Lange) y las almas torturadas y condenadas de todos los anteriores inquilinos que fueron asesinados brutalmente por las más variopintas circunstancias. ¿Dónde está la novedad, entonces?

Muchas veces, cuando vemos una película de terror del género “casa encantada” nos da la sensación de que hay muchos cabos sueltos, muchas preguntas que se quedan en el aire (y no por darle un final abierto), personajes que se podrían haber desarrollado mucho más… si hubiese más tiempo que una hora y media o dos horas. En una serie sí pueden explotarse todas estas cosas y los más típicos tópicos pueden dar mucho juego. ¿Quiere decir esto que al recrearse en más detalles el ritmo de la serie es lento? En absoluto. Cada capítulo, a pesar de guardar continuidad con el anterior, es una historia distinta, en el que cada minuto, o casi, deja al espectador en un ambiente permanentemente tenso, con una sorpresa detrás de cada esquina. Así pues, con el chico con problemas mentales porque SPOILERRRRR está muerto y no lo sabe puede enterarnos de su historia a través de sus propios recuerdos, de los recuerdos de su madre o del acoso de los que mató FIN DE SPOILERRRR, o la mente torturada del marido psiquiatra que no puede vencer a sus instintos más básicos, la hija adolescente incomprendida, la esposa engañada que lucha por perdonar a su marido y hasta la criada que tiene algo que esconder, representan un sin fin de posibilidades para dar juego a la historia y mantener enganchado al espectador.

Más razones para ver la serie

A los que os guste verla en la tele, todos los lunes a las 21:30 en FOX. Pero si no podéis esperar más o si sois aficionados a las series en V.O.S, en seriesyonkis.com podéis encontrar 6 capítulos (los suelen colgar los viernes). Así que ya sabéis, ya tenéis otra serie a la que engancharse.

Aquí tenéis la intro de la serie. Da bastante canguele hasta en los títulos de crédito.

La “otra” Nochebuena estropeada

Como cristiano que soy, para mí las Navidades son especiales: comidas con la familia, celebración del nacimiento de Cristo, montar el Belén, etc. Pero como persona humana que vive en una sociedad del consumo de todo tipo, tienen estas fiestas otra cara. Cuando hablo del consumo no me refiero únicamente a los regalos, la decoración y esas cosas made in Corte Inglés (que, por cierto, en Sevilla ya están puestas las luces de la fachada), sino que hablo también de consumo de productos audiovisuales típicos de estas fechas: el especial de José Mota, las pelis cutres de Navidad, los discos de villancicos, el discurso navideño del rey, etc. Y uno de mis momentos preferidos es el concierto de Nochebuena del mejor cantante español de todos los tiempos, Raphael.

El del año pasado fue magistral, conciertazo con gente como Miguel Poveda, Dani Martín, Malú, etc. Canciones clásicas, interpretaciones magistrales. A la altura del mito.

Temazos en toda regla que este año no vamos a poder disfrutar porque, no sé a santo de qué, este año será Ana Belén la que actúe después del discurso del rey. Lo siento mucho, pero este año, después de cenar con mis padres y mis abuelos no veré eso. No me gusta Ana Belén, porque apesta a politiqueo del rancio, porque sustituye a Raphael y porque no me gustan sus canciones. No tragaré. Probablemente me vaya a ver el especial de “Tu Cara me Suena”, que será mucho más divertido con toda seguridad, de más calidad y, con suerte, alguien tendrá que imitar a Raphael (espero que sea Santiago Segura, la verdadera estrella del programa y que ya imitó bastante bien al jienense en una gala) cantando el Tamborilero. Y si no, ya me encargaré yo de hacerlo en Nochevieja.

La doble moral

“Vivimos en un mundo en el que hay que esconderse para hacer el amor, pero hay muerte por todas partes” John Lennon.

Hemos vivido una semana convulsa. Además del juicio de Marta del Castillo, con el testimonio del frío psicópata Carcaño, sus repulsivas declaraciones, producto de un ser despreciable, y del arresto del padre de los desaparecidos niños de Córdoba, que tiene toda la pinta de acabar en algo igual de repulsivo, hemos sido testigos de un par de hechos que, si bien son verdaderamente importantes, históricos, no terminan de despertar cierto recelo.

Me refiero, por supuesto, al “cese definitivo del uso de las armas” por parte de ETA y a la muerte del dictador Gadafi. Y digo que despiertan recelo por cosas obvias. En primer lugar, la banda de asesinos cobardes. No olvidemos que son una repugnante secta de mentirosos, que no dudan en asesinar por la espalda de forma ruin y cobarde por el “noble” fin de la liberación de las tierras vascas, un grupo de babosos que ha toreado como ha querido a los gobiernos, quienes, por miedo perder lo más valioso para un político (los votos) no han parado de hacer concesiones, de dar trato preferente a estos encapuchados, aislándolos en las cárceles, rebajando condenas, aceptando el chantaje del asesino de 25 personas porque decidió dejar de comer… y que una y otra y otra vez ha anunciado treguas y ceses que nunca ha cumplido, que siempre aprovechó para reforzarse y atacar de nuevo. Por esos motivos, yo recelo de ese “cese definitivo”. Pero lo que más me repugna es que nos conformemos con ese parón, cuando lo único que debería satisfacernos es la disolución íntegra de los asesinos, su detención, juicio y a pudrirse en la cárcel. Lamentablemente, no veremos nunca una cosa así.

Y, lamentablemente, lo que sí hemos tenido que ver es cómo a Gadafi lo tiroteaban, cómo recibía los disparos en la cabeza y el estómago, y no durante una película, o fuera de horario infantil, no. Lo pudimos ver mientras comíamos, en casa, en las noticias, con los niños (las familias que los tengan y vean la tele mientras comen). Tuvimos que tragarnos la enésima imagen escabrosa de una matanza. “Es que es la guerra”. Perfecto, pero ¿qué necesidad tengo de ver esas imágenes? La gente lo acepta. Y punto. Se ha conseguido banalizar la muerte, después de tantas imágenes de cadáveres, sangre, mutilaciones, etc. La gente ya los acepta como parte de los informativos. La misma audiencia que ni se inmuta (de hecho, acepta con gusto) que la programación esté saturada de basura inmoral, de sálvames y tronistas (curiosamente, del mismo canal). La misma audiencia que se escandaliza cuando en una serie o en una película dos personas empiezan a besarse apasionadamente, o se acuestan: cuando hacen el amor. Aceptamos la muerte, la violencia y la mierda intelectual, pero no el amor. Repugnante doble moral.