127 Horas

Se va acercando el día 27, se va acercando la Gala de los Oscars, y entre las nominadas a Mejor Película se encuentra esta obra de Danny Boyle, quien ya arrasó hace poco con Slumdog Millionaire (8 Oscars). En esta ocasión nos cuenta otra historia de supervivencia y superación, pero esta vez basada en hechos reales, la historia de Aaron Ralston, interpretado por James Franco con maestría. De hecho está nominado al Oscar por esta película, nominación completamente justificada en tanto que no es nada fácil el papel que ha tenido la suerte de interpretar, porque estos papeles, aunque difíciles son regalos para los actores, quienes si son buenos saben aprovecharlos. James lo hace y con creces.

El co-presentador de los Oscars junto a Anne Hathaway se enfrenta durante una hora larga a la pantalla y sale victorioso. Obviamente no lo podrá pasar tan mal como el Aaron auténtico en ese calvario que tuvo que afrontar, pero su interpretación consigue que nos hagamos una idea de lo que tuvo que ser estar durante casi cinco días atrapado, sin apenas agua y comida y sin que nadie supiese que se había ido de montañismo.

Ojo Spoiler... El verdadero Aaron Ralston

En esta película, en la que la carga emocional se centra en un único actor, James aprueba y con nota. Pero, además, tenemos la suerte de que sea un tipo como Danny Boyle quien dirija la película, pues su visión de esas 127 horas se traduce en un montaje espectacular, con especial hincapié en los planos detalles (detallísimos), el uso de la cámara de fotos y la de vídeo del personaje, los recuerdos y delirios, etc. Todos esos recursos se convierten en poderosísimas y efectivas armas emotivas que ayudan muchísimo a generar una atmósfera de angustia y esperanza que le vienen a la película como anillo al dedo. Yo mismo me moría de sed, al igual que el personaje. Y, por supuesto, la banda sonora de Rahman, compositor indio que ya ganó el Oscar a la Mejor BSO con Slumdog Millionaire.

SPIDERMAAAAAAAAAN!

Poco a poco estoy terminando de ver las películas nominadas (ayer terminé La Red Social, película ultrasobrevaloradísima y de la que no haré crítica porque lleva ya demasiado en cartelera) y, de momento, mi favorita sigue siendo Origen, seguida de Toy Story 3 y Cisne Negro. La cinta de Boyle seguro que se lleva alguno pero, aunque es una gran película no merecería la estatuilla más importante.

Saldremos de dudas en la madrugada del domingo. Yo aquí pondré el viernes mi pronóstico… lo mismo me da por apostar y todo.

Cisne Negro

Estoy enamorado de Natalie Portman. Lo confieso. Me encanta. Por mí que le den ya el Oscar a Mejor Actriz. Es indescriptible lo que siente uno al verla moverse por la escena con la gracia, la pasión y la intensidad que daría cualquier bailarina en el escenario. Uno se queda sin adjetivos con los que calificarla. ¿Qué decir que no se haya dicho ya? Es soberbia la capacidad de esta mujer para llevarnos del ensueño a la ansiedad, de la pasión al odio, todo con una simple mirada, un cambio de registro tan natural que asusta el pensar que puede que no esté actuando y que ella misma sienta como real todo lo que pasa en la película.

Pero hablar de Cisne Negro no es sólo hablar de Portman, sin quien la película perdería mucho, probablemente. No obstante, el señor Darren Aronofsky nos trae una obra de una belleza y una sensualidad tan trágicas como espeluznantes a la vez. Una historia sobre hasta qué punto puede llegar la presión y la competitividad en determinados artistas del mundo del (ponga aquí el arte que más le apetezca: ballet, teatro, zarzuela, ópera, etc.) y más si éstos tienen detrás una figura (paterna frustrada, generalmente y específicamente en este caso) que añada más presión al susodicho (y si encima le quitamos la intimidad, apaga y vámonos). El resultado es una película como la que tenemos, una muestra de que se puede hacer un gran cine sin tener que recurrir a estirar sagas muertas desde la tercera entrega (hablo de Saw, obviamente) o resucitar series de dibujitos animados para aprovechar el tirón del 3D.

Amazing

Junto a Natalie, en el reparto tenemos a Vincent Cassel, bastante correcto en su papel de director que se pirra por las jóvenes promesas del ballet, a una resucitada Winona Ryder en un corto pero intensísimo papel como la típica vieja gloria del ballet a la que la edad no pasa en balde y, por último, a la sensual Mila Kunis como la “rival” y que protagoniza junto a Portman la mejor escena de la película para los salidillos.

Junto al escalofriante guión, lleno de momentos dignos de una película de terror, tenemos la B.S.O. de Clint Mansell, quien es capaz de mezclar con éxito lo sobrecogedor del ambiente de la película con esa gran obra que es “El Lago de los Cisnes”, de Tchaikovsky.

El final es épico, trágico y cuantas más palabras del mismo corte quieran añadirle. La misma Nina (Portman) lo define en su última frase de la película.

ACTUALIZACIÓN: Cuando digo lo de “moverse por la escena con la gracia, la pasión y la intensidad que daría cualquier bailarina en el escenario” no me refiero a los momentos de bailes en sí, ya que no es Natalie Portman quien baila, sino que su cara está puesta en la de una bailarina de verdad. Con esa frase quería hacer una metáfora válida para toda la película.

The Fighter

Vaya por delante una cosa: todas las películas sobre boxeo o kárate o cualquier competición individual que requiera de golpes para vencer son iguales, siempre es el caso de un boxeador que, por las circunstancias que sea (es novato, está acabado, busca la última gran pelea de su vida) tiene que ir combate a combate, superando adversidades, ganando a rivales a pesar de que todos le dan por ser el derrotado para acabar ganando, normalmente, el título de campeón del mundo, de la categoría que sea.

Todos hemos visto Rocky, Cinderella Man, Karate Kid, Million Dollar Baby, etc. Y todas tratan lo ya mencionado, son historias de superación. Pero aún así tienen éxito. Es algo propio de la industria repetir fórmulas que hayan triunfado previamente en el público, independientemente de la calidad de las películas en sí. No obstante, con este tipo de películas hay algo más que la repetición de una fórmula, y eso es lo que verdaderamente atrae al público. Ese algo suele ser el contexto, la situación familiar o social del protagonista, como el boxeador con problemas económicos encarnado por Russell Crowe, o el chico en ciudad/país nuevo (dependiendo de la versión) que busca darle una lección a los matones de turno, la vida de sacrificio y lucha de Hilary Swank en Million Dollar Baby, etc. Casi todas ellas tienen ese factor emocional que consigue que el hecho de conseguir el título sea una metáfora de su entrega y lucha para conseguir lo que quieren. Los papeles así suelen ser un “regalo” para los afortunados que los consiguen, y muchos son los que los aprovechan.

The Fighter no es una excepción dentro del género, pues cumple todos los requisitos ya mencionados: boxeador de clase media que aspira a regresar al boxeo e incluso a optar por el título de campeón del mundo, que tiene que soportar la carga de una madrastra de las que buscan ganar dinero explotando el talento de sus hijos, de unas hermanas que podrían protagonizar el deleznable nuevo programa de laSexta, ChonisPrincesas de Barrio, y, por encima de todos ellos, a su hermanastro, un ex-boxeador que fue campeón del mundo pero que ahora se encuentra sumido en el infierno del crack. Pero pronto encontrará una causa por la que luchar, en este caso su hija, a la que apenas puede ver por no vivir en condiciones adecuadas y una camarera de la que se enamora y que, a lo largo de la película, demuestra que quien dijo que “detrás de todo gran hombre hay una gran mujer” no pudo ser más exacto.

En este ecosistema nos encontramos ante una de las mejores películas del género, con un Mark Wahlberg, que parece que ha dejado atrás las malas sensaciones de El Incidente o Max Payne, continuando con el resurgimiento que empezó con The Lovely Bones, en el papel principal, con una excelente Amy Adams, como el apoyo constante al personaje de Wahlberg y, por encima de todos ellos y en un papel que huele a Oscar (de hecho, ya tiene un Globo de Oro), el gran Christian Bale, quien ha hecho lo mismo que él “sufrió” con Heath Ledger en The Dark Knight: que el secundario sea el atractivo principal del film. Increíble su actuación, asombrosa la capacidad de este hombre para meterse en los papeles. Cualquiera diría que el demacrado y consumido tipo que aparece en esta película pueda encarnar a Batman o John Connor.

Bale

Técnicamente la película está muy bien rodada, introduciendo detalles muy atractivos como la estética de retransmisión en directo a la hora de los combates. El guión no tira de los típicos tópicos a los que se recurren en este tipo de películas (no demasiados, al menos) centrándose más en los personajes que en los combates en sí.

Una muy buena película, de lo mejorcito del género, y que probablemente recibirá un par de Oscars a los secundarios. Christian Bale se lo llevará seguro y Amy Adams también es muy probable.

Crítica de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte

Antes de comenzar con la crítica, un par de aclaraciones: soy un gran fan de la saga, puesto que he crecido con ella. Segundo soy un enemigo acérrimo de las adaptaciones de libros al cine que se toman literalmente cada punto y como del libro. ¿Por qué esa segunda aclaración? Más adelante lo vemos.

Bueno, para quien no haya leído el libro, esta primera parte de las dos en las que se divide el último capítulo de la saga nos muestra el ascenso al poder de las fuerzas oscuras, con Lord Voldemort a la cabeza, mientras que Harry, Hermione y Ron se ven forzados a no acudir a la escuela Howgarts de Magia, primero para proteger al gafas y segundo (y más importante) para encontrar el resto de Horrocruxes (los objetos en los que Voldemort fragmentó su alma para ser invencible).

Y ahora respondo a la pregunta de antes: a partir del cuarto libro de la saga, a J.K. Rowling le dio por escribir libros de un número de páginas considerablemente abultados comparados con los tres primeros, por lo que a la hora de adaptarlos al cine los directores se encontraban con la difícil tarea de decidir qué queda fuera y qué no, porque muchos fans lo notan enseguida el cambio de situación de algunas acciones o de suprimir momentos que podrían ser muy clarificadores para los no lectores. Pero para mí, todas las películas, salvo las dos primeras, han sido fantásticas adaptaciones. Lo pongo en negrita porque la gente tiene que tener claro que es imposible hacer una película de un libro respetando hasta la más mínima coma y que te salga bien. Porque literatura y cine son dos cosas que, aunque muchas veces se complementan, no pueden ser equiparados en el mismo nivel.

Esta séptima película (tercera de David Yates como director) no iba a ser una excepción en el buen hacer adaptativo (de hecho, junto a Alfonso Cuarón es el director que mejor ha sabido interpretar las aventuras), pero además se permite el lujo de ser fiel a ambas artes, cine y libro, por el hecho de estar dividido en dos, lo que da pie a que entren más cosas, más personajes y situaciones, aunque tampoco quiere decir que puedas coger otros momentos que ni le van ni le vienen a la trama. Y David lo ha hecho muy bien. El guión es impecable, mezclando en cantidades equivalentes el suspense, la comedia, el drama y la acción. Los efectos visuales y los sonoros (especialmente estos) añaden el toque mágico que necesita la película, y se ve reforzado por la magnífica BSO de Alexandre Desplat.

Respecto a la parte “humana”, como he dicho antes, yo he crecido con las películas, y sus actores también. El estar tanto tiempo ligado a un papel ha propiciado que se vuelva algo natural para el trío protagonista y el resto de secundarios (algunos de lujo, como Bill Nighy) a pesar de que en este capítulo no se les de mucha importancia.

La película es muy buena, las dos horas y media que dura se pasan volando, y si se le puede echar algo en cara es la sensación que te deja de que esto sólo sirve como antesala de otra cosa más espectacular… aunque para eso tenemos que esperar “únicamente” siete meses…

Viernes de Cine

Hola a todos. Esta semana las películas que se estrenan en España no es que sean imperdibles, pero alguna que otra resultaría interesante por diversos motivos.

Lo más llamativo es el “reestreno” de Saw VI, después de que la versión original haya sufrido un tijeretazo censurador que probablemente la haya vuelto más insulsa para los fans de la saga, pero que tendrán la oportunidad de verla en condiciones y no en versiones con subtítulos mal puestos. Aquí podéis ver el trailer.

Si eres un padre de familia y quieres pasar un ratillo con tus pequeños, Gru, mi villano favorito, es la película que la cartelera te reserva. Una película de animación, lejos del nivel de Pixar o Dreamworks, obviamente, pero que para pasar el rato está bien. Como punto a su favor, Florentino Fernández dobla al protagonista, un tipo malvado que planea robar la Luna. Como punto negativo, Bisbal también le pone voz a un personaje.

La peli “seria” de la semana por parte de Hollywood es Wall Street: El dinero nunca duerme, nueva película de Oliver Stone y protaginizada por Shia Labeouf y Michael Douglas. Un thriller sobre negocios oscuros en la bolsa, aderezado con un poco de problemas familiares de por medio y traiciones, muchas traiciones.

http://www.youtube.com/watch?v=7H_DRYFQib4

La moñada de la semana es Cartas a Julieta, película romántica sobre una chica que encuentra en el patio de Julieta (la de Romeo), unas cartas de amor de hace medio siglo y decide encontrar a los enamorados. Protagonizada por Amanda Seyfried, la chica de “Querido John”. ¿Acabará encasillándose en el género epistolar?

http://www.youtube.com/watch?v=N25feIe5iNo

Así que, esta semana la cartelera no aporta demasiado. Yo, por mi parte voy a marcarme un fin de semana/puente de comedias absurdas: Monty Python en Hollywood, Aterriza como puedas y Arma Fatal.

Un saludaco!