Esos grandes guitarristas

Como a todo ser normal, la música me fascina. Esa capacidad de encontrar poesía sonora con objetos materiales que acompañen a voces humanas en perfectas armonías (o sin voces) me demuestra que el ser humano es algo más que el producto de una evolución constante de organismos unicelulares (modo introducción de X-Men ON). La melomanía es uno de mis pecados favoritos.

Si tenemos en cuenta que mientras más leas mejor te sabrás expresar oralmente y por escrito, podríamos decir que mientras más música escuches, más se desarrollarán tus habilidades musicales. Al menos tu oído. No obstante, al igual que para escribir hay que tener un don que no todos tenemos, para la música también tienes que ser del selecto grupo de elegidos para poder llegar a algo en la música, leer partituras o al menos a tocar algún instrumento con cierto criterio y soltura. Por supuesto que para ambas tareas (la escritura y la música) es necesario dedicarle mucho esfuerzo, horas, trabajo y sacrificios, pero el talento es un empujón considerable.

De entre todos los instrumentos que hay en el mundo yo tengo mis predilectos: el clásico piano, el melodioso violín, la majestuosa trompa… pero hay uno que me fascina, que me atrae hasta límites insospechados. Es el instrumento estrella que todos hemos querido aprender a tocar porque siempre hemos oído que un guitarrista liga tanto como Barney Stinson, y además porque es fácil aprenderse los acordes, no hace falta que sepas solfeo. Sólo necesitas esa base, un buen oído, sentido del ritmo e intuición. Yo tengo los dos primeros, pero mi ritmo es más bien anti-ritmo y mi intuición está más apagada que una cerilla en el fondo del mar. Pero claro, me tragué el cuento del ligoteo y se me olvidó que hay que ser un tío con cierto talento. Porque eso es algo constatable: reúna a un grupo de amigos y amigas, saque a un tío que se defienda con la guitarra y será el amo. Así quería ser yo y todavía estoy en ello. Lo bueno de la música es que no tiene edad.

Para seguir siempre tengo en mente a esos grandes guitarristas, esos genios que han conseguido hacer de la guitarra un miembro más de su cuerpo, que han elevado al lo más alto de los instrumentos a uno que cuando se exploran sus caminos te abre un abanico de posibilidades sonoras que ya quisieran para sí muchos otros. Parafraseando a Jorge Drexler (uno de esos grandes guitarristas que seguro que se valía de la guitarra para ligar de joven) “hay tantas cosas y yo sólo preciso dos: mi guitarra y vos”. Cuando uno empieza en algo siempre busca referentes a los que imitar, de los que aprender y de los que empaparse. Yo tengo los míos, y el podio lo coronan el uruguayo mencionado anteriormente, que a su destreza con la guitarra le añade una poesía sublime, unas letras magníficas, y el gran Brian May, un señor que no sólo ha conseguido un sonido único que pueda “contestar” en las canciones a la voz de Freddie Mercury, que ha tenido que pasar por el aprendizaje obligatorio en el que ha unido su desbordante talento y su capacidad de trabajo, sino que además se fabricó su propia guitarra, la Red Special.  Otro grande es Matt Bellamy, cuya fuerza se entremezcla con la melancolía y el humor. O Bruce Springsteen. O Slash. O Tom Morello. O…

Son tantísimos los que han dignificado este instrumento, que se ha convertido en la piedra angular de los géneros más importantes de la música del siglo XX en adelante, los que son conocidos y los desconocidos, que me hacen ver a la guitarra como el gran puente entre la música y la gente, la amiga fiel que te ayuda y te alegra la vida. Así pues, voy a coger en cuanto pueda a mi amiga (lectores sudamericanos, no penséis mal por favor) y que me alegre la vida en estos últimos días de exámenes.

En directo siempre es mejor

Es de todos conocida la frase de “como en el CD no suena en ningún lado”. Para mí, esa frase es aplicable a un puñado de canciones, demasiado sofisticadas que perderían su magia en el directo. Pero la mayoría de las canciones ganan muchísimo en directo (o acústico, según se mire). Algunas pruebas:

Rain, Mika

Versión del CD

Acústico

Poker Face, Lady Gaga

Hasta con canciones como las de la insufrible Gaga son buenas en acústico. Antes la versión electrónica del disco

Y ahora una versión mucho mejor, en acústico

http://www.youtube.com/watch?v=7CUYvWTd6oA

Now I’m Here, Queen

Incluso los reyes del rock tienen canciones que, a pesar de ser obras maestras, en directo ganan muchísimo más. Una prueba de ello es Now I’m Here (versión del CD).

Aquí el directo de Wembley ’86

The Ghost of Tom Joad, Bruce Springsteen

Aquí tenemos la versión original de este temazo de The Boss

Y aquí la tenemos, muchísimo mejor, más espectacular, en directo con el increíble Tom Morello, de Rage Against the Machine

http://www.youtube.com/watch?v=Tf0RaVlqFOw

Ahora, al revés: canciones que son imposibles de adaptar al directo, o que pierden muchísimo en los mismos.

Sing for absolution, Muse

El primer ejemplo es una de las mejores canciones del mejor grupo del momento, Muse, que en su versión acústica sacrifica el toque de misterio y grandilocuencia de la canción. Aquí el acústico

Aquí la versión del CD, espectacular y emotiva. Eso sí, el videoclip es, cuanto menos, peculiar.

Pero, ¡ojo!, me refiero al acústico de la radio. En directo mola mucho también

Innuendo, Queen

Aunque nunca pudieron interpretarla con Freddie Mercury en directo, en el concierto tributo al legendario cantante sí que se hizo un intento, aunque nada fructífero.

Aquí la versión original

http://www.youtube.com/watch?v=cpys1c3jCNs

Y aquí el directo, interpretado por Robert Plant. Hay que decir que el sonido falló un poco.

Al Otro Lado del Río, Jorge Drexler

Como Drexler es un genio de la música, también tiene que tener “sus cosas”. De todos es sabido el bochornoso incidente de los Oscars, cuando no le dejaron cantar su propia canción que, a la postre, sería la ganadora. Y todos sabemos que, en lugar de dar un discurso, cantó a capella. Pues bien, como “recuerdo” de aquello, cada vez que la canta, lo hace igual que aquel día, a capella. Y es una pena, porque con instrumentos ganaría muchísimo más. Aunque no quiero decir que a capella esté mal.

Aquí tenemos la versión original

Aquí la versión a capella

Y, como bonustrack, otro ejemplo de cómo no hacer bien una canción en directo. Antonio Banderas y Carlos Santana.

http://www.youtube.com/watch?v=taL-DKJZpEk

Eso es todo. Por supuesto hay muchísimas más, pero eso ya lo dejo a vuestro juicio. ¿Alguna sugerencia? Ya sabéis qué hacer: un comentario. ¡Que no mordemos!

Que el soneto nos tome por sorpresa

Jorge Drexler se apunta de nuevo a escribir canciones para el cine, como ya hiciera con Al Otro Lado del Río, para la película Diarios de una motocicleta.

Y, en esta ocasión, será para una película española: Lope, sobre la vida del gran Lope de Vega. El resultado es impecable, una canción muy bonita. Lo que se espera del uruguayo, vamos.

Jorge Drexler conquista Cádiz

Llegó, cantó y conquistó. Así de contundentes podemos ser para definir la actuación de Jorge Drexler el pasado viernes en el Teatro Falla de Cádiz. El cantautor uruguayo, injusta y relativamente desconocido para el público generalista (lo cual, en cierto modo es mejor para él, ya que es la gente de buen paladar la que le escucha), dio un auténtico recital de cómo actuar ante un grupo muy numeroso de gente (el Falla lleno hasta los topes) y provocarte la sensación de que estás en un concierto intimista, de estos que te canta a ti y a un grupo selecto.

Empezando por lo puramente musical, Drexler cantó de todo: desde muchos de sus clásicos (Soledad, Sea) hasta las más emblemáticas de su nuevo CD Amar la Trama, como Tres Mil Millones de Latidos, Una Canción me Trajo hasta Aquí, Toque de Queda, La Trama y el Desenlace, Las Transeúntes, pasando por versiones de otros cantantes (Toíto Cai lo Traigo Andao, Volando Voy) y, por supuesto, la que le puso en el punto de mira internacional, Al Otro Lado del Río (a capella, por cierto, en honor al esperpento joligudiense). Gracias a la “disparidad” que existe entre su nuevo álbum y otros como pudiera ser Eco, o 12 Segundos de Oscuridad, pudimos asistir a “dos conciertos”: el primero, cuando cantaba temas de Amar la Trama: al ser un disco con más sección de viento, más ritmo y más ambiente “festivo-multitudinario”, el concierto se volvía así, como el típico concierto multitudinario en estadios gigantes. Muy animado, la gente cantando (unos más que otros, alguno se tomó al pie de la letra que estaba en un teatro) y una puesta en escena muy sobria, con juegos de luces muy vistosos. Y luego, cuando la banda descansó, dejando a Drexler sólo con su guitarra y un micrófono, fue entonces cuando el concierto se transformó pasando de ser un recital privado para cada uno de los asistentes al teatro. Como si cantase exclusivamente para ti y tu acompañante. Sólo un foco apuntándole, sentado casi al borde del escenario… Una delicia. Y es aquí donde Jorge saca su don de gentes, haciendo que el público se sintiese partícipe en todo momento, animando a la gente a cantar, charlando con el público, etc.

La noche nos dejó grandes momentos, como los instrumentos de viento tocando desde un palco para luego “entrar por la esquina” en Las Transeúntes, el momento de los “Marimboys”, o sea, tres personas tocando la marimba a la vez, la pelotita en el escenario, etc. Pero el mejor, sin duda, fue la aparición “imprevista” del gran Javier Ruibal, autor de Toito Cai lo Traigo Andao y gran amigo de Drexler, cantó su himno del centenario para el Cádiz, club que no ha pedido uno, sino siete himnos. Muy bueno el de Ruibal, por cierto.

Y, tras tres bises y más ovaciones, el concierto terminó. Y fue cuando supe que había asisitido a un espectáculo inolvidable. Jorge Drexler no hace conciertos en estadios enormes con puestas en escenas espectaculares, o no llenará Las Ventas dos o tres veces seguidas (aunque yo creo que sí), y jamás llegará a ser número 1 de los 40 principales. Ni falta que le hace. Todo eso lo compensa con música de la buena, canciones con alma, sentimiento y calidad. Y, lo compensa muchísimo con su personalidad en sí. Tras el concierto me fui directo a la puerta de atrás del Falla, esperé media hora a que saliese junto a mi respectiva y otros veinte fans y, cuando lo hizo, no dudó en hacerse una foto con nosotros después de charlar un ratillo, siempre preguntando si el concierto nos había parecido bueno, que tuviésemos un buen viaje de vuelta y muy atento siempre. Un genio. Sólo una persona que musicaliza el historial clínico de una fractura de escafoídes que sufrió puede ser así.

Aquí con el Uruguayo

Eso es todo. Un saludo a todos mis lectores, espero que no hayáis sufrido este tiempo sin el blog!

PD: Para los que no habéis escuchado nada de Drexler, aquí tenéis para empezar a ponerse al día, clickando en este enlace a Spotify.

Un bratzo!

¡De vuelta!

¡Muy buenas a todos! Por motivos técnicos, la web ha estado inhabilitada todo este tiempo, pero ya volvemos a la carga. De todos modos, durante este mes ya sabéis que los universitarios nos encotramos con que nos falta tiempo para todo, así que el número de posts será reducido hasta mediados de julio, pero no os preocupéis, que se seguirá escribiendo… De hecho, mañana me voy a ver a Jorge Drexler a Cádiz, por lo que el sábado escribiré la crónica. Y pronto estará la crónica de CATMA.
Un bratzo y muchas gracias a todos por la paciencia!